La existencia del éter sólo afecta a la facultad de entender la realidad que nos rodea.
La valoración de la existencia del éter sólo es práctico para entender el comportamiento físico de la materia y la energía, más allá del análisis para entender este comportamiento físico, podemos ignorar la existencia del éter y pensar en un espacio vacío.
Lo mismo que si nos mandan encontrar una aguja en un enorme pajar, tarea imposible, a no ser que recurramos a la informática, tomemos de referencia una paja y le digamos al programa que ignore todos lo elementos iguales, con lo que solo veremos a la aguja, desapareciendo de la visión del ordenador toda la paja, aunque la paja llena todo el pajar. Estamos valorando un pajar vacío, con solo unas agujas, cuando en realidad todo está lleno de paja que impide ver las agujas.
Lo mismo hacemos con el éter, nuestro intelecto ignora esos miles de millones de partículas neutras, indetectables, que continuamente nos atraviesan, desde todas las direcciones del espacio, por lo que solo vemos un inmenso universo vacío.
Solo precisamos hacer reales una ínfima parte de eterinos, los que impactan con la materia, los que producen las propiedades físicas que observamos en la materia.
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